CERVANTES Y EL QUIJOTE
EL HOMBRE, EL LIBRO Y LA ÉPOCA
Justo de Lara
Edita Frente de Afirmación Hispanista, A.C. México D.F., 2005. Págs. 250

 

El Frente de Afirmación Hispanista, ubicado en México D.F. y dirigido sabia y magistralmente por Fredo Arias de la Canal, se apunta un nuevo triunfo editorialista en su ya larga lista de éxitos, a nivel mundial, al editar el presente libro del docto escritor cubano Justo de Lara.

La Introducción de esta reedición es de Salvador Bueno Menéndez y el Prólogo de Fredo Arias de la Canal, titulado “Lo Sahavedra de Cervantes”. Ambos escritos preceden al exordio que escribiera en su día, para este libro, Justo de Lara, seudónimo de José de Armas y Céspedes.

Fredo Arias de la Canal es un literato sumamente erudito e investigador universal de las Letras. Es reconocido y loado, en todo el mundo, por su persona y por su vasta obra literaria de calidad extrema y, por ende, de un valor infinido e incuestionable, considerado y enriquecedor para las generaciones actuales y venideras; por su dedicación plena a la labor que desarrolla a favor de la Literatura Universal de todos los tiempos, en cuanto a publicaciones y promoción y difusión de las mismas por un innúmero de localidades de nuestro planeta; por su personalidad extremadamente atrayente, manantial de aguas puras y cristalinas, en donde, gracias a su generosidad sin fronteras, saciamos nuestra sed de vida sustanciosa y de cultura...

Cuatro son ya los títulos que en homenaje al 4º centenario de la publicación del Quijote ha editado el Frente de Afirmación Hispanista. Hoy mismo he recibido el último: “El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha”, en edición facsimilar, prologado por el propio Fredo Arias de la Canal. Le preceden “El Quijote liberal y otros papeles cervantinos”, “Antología de ensayos sobre El Quijote” y éste, también en edición facsimilar, que hoy es objeto de mi comento.

No deja de ser curioso que el presente libro fue publicado por vez primera en el año 1905, en los talleres de la Imprenta y Librería “La Moderna Poesía”, situada en la calle Obispo, 133 y 135 de La Habana, como homenaje del autor y de la sociedad gallega de la capital cubana a “El Quijote” en su 300 aniversario. En la dedicatoria de este libro podemos leer: “A mi Maestro Marcelino Menéndez y Pelayo, Gloria de España, dedico esta obra, en testimonio de profunda admiración y sincera amistad. Justo de Lara (José de Armas y Cárdenas)”.

En la Introducción, Salvador Bueno le ofrece al lector unas pinceladas sobre la vida y obra del autor cubano. Justo de Lara o José de Armas y Céspedes (Guanabacoa, 26-3-1866 – La Habana, 28-12-1919) nació en el seno “de una familia de escritores y periodistas”. Estudio Derecho, pero nunca ejerció como abogado, ya que profesionalmente se dedicó a la crítica literaria y al periodismo. “La cultura literaria de Justo de Lara era enorme, principalmente literatura española e inglesa. (...) Fue “Pepillo de Armas”, como le llamaban sus amigos, cervantista de mucha capacidad y penetración. (...) Dirigió periódicos. Fue corresponsal de varias publicaciones norteamericanas. Entrevistó al primer ministro español Canovas del Castillo. También fue redactor del Herald. Entre sus principales obras se hallan “La locura de Sancho” (1884), “La Dorotea de Lope de Vega” (análisis) (1884), “Cervantes y El Quijote. El hombre, el libro y la época” (1905) “Ensayos críticos de Literatura inglesa y española” (1910), “Cervantes en la literatura inglesa” (estudio y conferencia) (1916)...

Fredo Arias de la Canal nos escribe, como ya ha quedado asentado, un cultísimo y extraordinario preámbulo. Éste es un estudio exhaustivo y detallado sobre la genealogía del autor de “El Quijote”, en cuanto al apellido Saavedra, la más confusa a través de los siglos. Llamábanse sus padres Rodrigo de Cervantes Saavedra, médico cirujano, de Alcalá de Henares, conocido también por “El Sordo”, y Leonor de Cortinas, también de Alcalá, quien se fingió viuda para inspirar lástima, cuando el rescate de su hijo Miguel. Luego el ilustre manchego debió llamarse Miguel de Cervantes de Cortinas, sin embargo, sustituyó el segundo apellido por el de Saavedra ¿Hizo suyo el segundo apellido de su progenitor, o el de su abuelo materno Hernando Arias de Saavedra, o el del padre - D. Juan Arias de Saavedra, llamado “El Famoso” - de su bisabuela materna Doña Juana de Avellaneda? Es curioso que los hijos de Doña Juana de Avellaneda, unos tomaran el apellido “de Cervantes”, que les correspondía, y otros el de “Arias Saavedra”, sin embargo, una hija de Doña Luisa de Avellaneda, tomó el de su madre y el de su abuela Doña Juana. Algo parecido le sucedió, en cuanto a los apellidos, a la mujer del autor manchego con quien no tuvo descendencia. Ella, Catalina de Salazar y Palacios, natural del pueblo manchego de Esquivias, aunque otros estudiosos se inclinen por el lugar de Barajas, fue hija de D. Fernando de Salazar y Vozmediano y de Dña. Catalina de Palacios, pero a veces firmaba, en vez de con su nombre y apellidos, con los apellidos del padre y en otras ocasiones con el de la madre. Era costumbre en Castilla sustituir los apellidos de los padres por los de los abuelos o por los de otro pariente inmediato que lo criase o que le dejase alguna herencia. No puedo obviar el hecho de que Miguel de Cervantes le pusiera a su hija natural Isabel de Saavedra, fruto de los amores de Cervantes, soltero, con Ana de Rojas, también soltera. Éste fue el último retoño del árbol genealógico de la familia de Miguel de Cervantes Saavedra.

Obviamente mucho se sabe de la vida y obra del creador del “Caballero de la Triste Figura” y de su escudero Sancho, pero, en cuanto a su vida, hay aún muchísimas lagunas o mares por descubrir y bucear hasta lo más hondo y demasiadas imprecisiones por aclarar.

En este introito genial, Fredo Arias de la Canal nos aclara la procedencia del apellido Saavedra, al que nuestro querido y recordado Miguel de Cervantes le tuvo un cariño muy especial. Tanto fue así que con dicho apellido, y no con el “de Cortinas”, pasó al vasto espacio de la inmortalidad.

Al “corpus obri” le precede una isagoge, tan erudita como sorprendente, de Justo de Lara. En él escribe: “Me complace de esta manera (se refiere a la publicación de este libro) haber contribuido con mi modesta ofrenda en las fiestas que el mundo entero ha celebrado en honor de Cervantes (en el tercer centenario de la publicación de El Quijote), y demostrar así, una vez más, el amor de toda mi vida por la hermosa y fecunda literatura castellana”. Comienza el escritor cubano su prefacio manifestando: “Al primero de los trabajos que componen este volumen (“El hombre. La vida de Cervantes”), se le adjudicó en mayo de este año (1905) el premio para la mejor biografía corta de Cervantes en el certamen del “Diario de la Marina” de esta ciudad (La Habana).

El “Centro Gallego”, sociedad benemérita, celosa siempre de enaltecer las glorias hispanas, de fomentar la instrucción y de estrechar la unión entre españoles y cubanos, cada día más firme, ofreció aquella recompensa que tuve el alto honor de obtener”.

Concluye el mismo con estas palabras, refiriéndose a la nación española: “Mayores infortunios, si cabe, han ocurrido después y mayores quebrantos hemos visto sufrir a esa nación esforzada (hace referencia al periodo de nuestra Historia que transcurre desde Felipe IV a Carlos II). Pero su aliento vigoroso no se ha extinguido y, mientras reconstruye sus fuerzas económicas y ocupa de nuevo su lugar en el concierto político de las potencias, recoge los lauros que, lo mismo que en el siglo XVI que en el XX, han ganado para ella sus hijos más ilustres”.

Justo de Lara divide su obra en tres partes. En primer lugar “El hombre. La vida de Cervantes” que consta de seis capítulos. Le sigue “El libro y la época”, repartido en nueve capítulos. Finaliza con “Cervantes en el Renacimiento. Época literaria de Cervantes” formada por cinco capítulos.

En la crítica literaria de Roberto Carlos Hernández Ferro, sobre el libro que hoy traigo a esta página del “Cultural Granada Costa”, publicada en “El Sol de México” (1-8-05), página 5/D, el crítico mexicano cierra su excelente trabajo con estas palabras: “Considero que con la publicación de este libro se pone en manos del lector un documento no sólo con valor histórico y cultural, sino también investigativo, pues las opiniones de Justo de Lara sobre “El Quijote” no están obsoletas, sino que sobre ellas hay que volver siempre que se desea investigar sobre la vida del “manco” o su obra imperecedera”. Maravilloso broche para una tarea crítica documentada, objetiva y afortunada al máximo, lo que es una constante en la labor literaria y periodística de Roberto Carlos Hernández Ferro.

(Publicado en el periódico “Granada Costa” el 12 setiembre 2005)