POR EL ESPACIO DEL ARTE POÉTICO

Antología Poética CIEN VOCES
100 Autores
Edita Granada Club Selección “Granada Costa”,
Molvízar (Granada), noviembre 2006, págs. 442
 


 

En el Auditorio Municipal de la ciudad malagueña de Nerja, presentó quien esto escribe y firma, el pasado día 25 de noviembre de 2006, la Antología Poética CIEN VOCES. Por tal motivo, el municipio nerjeño se vistió con sus mejores galas para arropar y acunar este magno acontecimiento sociocultural.

El diseño y maquetación de la 2.ª Antología poética CIEN VOCES, libro sumamente original, tanto en su continente como en su contenido, -como más adelante referiré- es un triunfo más de la editorial molviceña Granada Club Selección “Granada Costa” en su incesable escalada editorialista en beneficio de la cultura en general y de la literatura en particular.

En la presente Antología intervienen cien poetas más tres poetas mallorquines, que “el Granada Club Selección aceptó, según expresa José Segura en la Introducción de la misma, a través de nuestro coordinador Cultural en Palma de Mallorca, Marcelino Arellano Alabarces, como invitados en esta obra literaria”. Cada poeta participa con dos poemas.

La Antología Poética CIEN VOCES está dividida en cuatro partes, precediéndolas, además de la ya mencionada Introducción, un excelente Prólogo escrito por Rogelio Bustos, en el cual, entre otras cosas, dice: “…quien al leer un poema no encuentra en él más de lo que el poeta ha escrito, es que carece de sensibilidad (…). La sensibilidad sólo puede educarse con el ejercicio de la atención, viendo, observando y reflexionando” sobre nosotros mismos, sobre nuestro entorno…, en definitiva, sobre la vida y el mundo donde ésta se desarrolla.

En la primera parte, por riguroso orden alfabético, participan ochenta y ocho poetas. De ellos, cincuenta son clásicos. “Los cincuenta poetas clásicos que recogemos en esta Antología Poética CIEN VOCES a modo de homenaje, manifiesta José Segura en la “Introducción”, comparten páginas con treinta y ocho socios de nuestro Club”, que proceden de distintas Comunidades de España: Andalucía, Baleares, Canarias, Cataluña, Madrid, País Vasco, Valencia... La mayoría de ellos se desplazó especialmente a Nerja para asistir a este evento de suma trascendencia, tanto para la literatura andaluza como española.

Evidentemente las poéticas, que se deducen de la labor creativa de estos treinta y ocho poetas, orbitan en espacios distintos, como en cualquier otra antología poética, aunque, ciertamente, todas ellas tienen el mismo común denominador: el amor por la poesía, los sentimientos nobles y la sensibilidad manifiesta de sus autores y el ansia por mimar, engrandecer y divulgar a esta Arte de las artes.

En la segunda parte nos encontramos con las voces de los doce poetas premiados en los primeros cuatro Certámenes Poéticos celebrados anualmente, desde el año 2003, en la localidad granadina de Salobreña, los cuales fueron y son organizados por de la Concejalía de Cultura de su Excmo. Ayuntamiento.

La tercera parte la forman las creaciones líricas de los tres poetas mallorquines, ya reseñados en uno de los parágrafos anteriores.

Concluye el libro con una antología de ocho pintores actuales de varias localidades de España. Cada uno de ellos presenta una fotografía de una de sus obras por ellos elegidas.

Para el antólogo no ha sido fácil seleccionar los cincuenta poetas clásicos que aparecen en la presente obra. El criterio de selección se ha basado en la elección de los poetas clásicos más representativos de la literatura española desde los siglos XII al XIX en especial la del SIGLO DE ORO, aunque el antólogo es consciente de que no están todos los que son, pero sí son todos los que están.

De los cincuenta poetas clásicos, Gonzalo de Berceo (1195-1267?), el más antiguo de la selección, nació y murió en la Alta Edad Media (siglos XI al XIII). Es el más destacado representante del Mester de Clerecía, es decir, de la literatura medieval compuesta principalmente por clérigos, aunque también por hombres instruidos y no necesariamente sacerdotes: nobles, judíos, musulmanes… que poseían unos conocimientos superiores a los del “trivium” o triviales, llamados así a los correspondientes a la enseñanza elemental de la época. En la misma época del Mester de Clerecía se desarrolló también el Mester de Juglaría, es decir, el conjunto de la poesía -épica o lírica- de carácter popular difundida durante la Edad Media por los juglares, que eran quienes las cantaban o recitaban para recreo de nobles, reyes y público en general.

Por otro lado, hay cuatro poetas de los antologados que pertenecen a la Baja Edad Media (siglos XIV y XV). Ellos son: Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, que vivió en la primera mitad del siglo XIV durante el reinado, en Castilla y León, del rey Alfonso XI “el Justiciero” (1311-1350) -no se tienen datos de su nacimiento ni de su muerte-; Pero López de Ayala (1332-1407); el Marqués de Santillana (1398-1458) y Jorge Manrique (1440-1479).

Treinta de ellos, incluidos aquellos cuatro que, aunque nacieron al alba del llamado SIGLO DE ORO, crearon sus obras dentro de dicho SIGLO. Me refiero a Juan del Encina (1469-1529), Juan Boscán (1487-1542), Cristóbal de Castillejo (1490-1550) y Juan de Timoneda (1490-1583); y el poeta toledano Francisco de Rojas Zorrilla (1607-1648), que pertenece al periodo degenerativo del SIGLO DE ORO, ya que los signos primigenios de decadencia empiezan a mostrarse a partir de 1580. Todo el siglo XVII es ya, pues, un periodo de declive económico, social y cultural. Los otros veinticinco nacieron, vivieron y crearon sus obras durante el SIGLO DE ORO, que, como sabemos, corresponde a aquella época clásica o de apogeo de la cultura española, esencialmente el Renacimiento del siglo XVI y el Barroco del siglo XVII. Ciñéndose a fechas concretas de acontecimientos clave, podría decirse que se trataría de dos siglos escasos (189 años), desde la publicación de la Gramática castellana de Antonio de Nebrija (1492) hasta la muerte de Calderón (1681). El punto más alto de este apogeo se encuentra en la obra de Miguel de Cervantes (1547-1616) y Lope de Vega (1562-1635).

Durante el siglo XVIII nace un nuevo espíritu que barre los viejos valores del Barroco y que recibe el nombre de “Ilustración”. Dicho movimiento se cimienta en el espíritu crítico, en el predominio de la razón y en la experiencia, por lo que la filosofía y la ciencia serán los saberes más valorados. Este período se conoce también como “Siglo de las Luces”. En definitiva, se persigue la felicidad humana mediante la cultura y el progreso. Los nuevos vientos hicieron que el arte y la literatura se orientaran hacia un nuevo clasicismo. De ahí los términos “neoclasicismo” y “neoclásico”. Se huyó de la expresión de los sentimientos, se siguieron normas y reglas académicas y se valoró el equilibrio y la armonía. A este movimiento cultural pertenecen los poetas elegidos Diego de Torres y Villarroel (1694-1770), Nicolás Fernández de Moratín (1737-1780), José Cadalso (1741-1782), Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), Tomás de Iriarte (1750-1791) y Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) Contra tanta rigidez se reaccionó a finales de siglo, produciéndose una vuelta al mundo de los sentimientos. Este movimiento se conoce como “Prerromanticismo”, al que pertenece otro de los grandes poetas seleccionados: Alberto Lista (1775-1848).

Los últimos ocho poetas seleccionados crearon sus obras en el siglo XIX. Dos de ellos, Francisco Martínez de la Rosa (1789-1862) y Serafín Estébanez Calderón (1799-1867), aunque nacidos a finales del XVIII, sus creaciones literarias están dentro del siglo XIX. Durante el primer tercio de este siglo siguieron vigentes las ideas neoclásicas fusionadas con el prerromanticismo. A finales de la segunda década del XIX nace el Romanticismo. A esta corriente literaria decimonónica pertenecen los poetas Duque de Rivas (1791-1865), José de Espronceda (1802-1842), Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) y Rosalía de Castro (1837-1885).

Los cambios sociales y las nuevas corrientes ideológicas que surgen en la segunda mitad del siglo XIX influyen en la producción literaria. La fantasía y la subjetividad del Romanticismo, así como la expresión libre de sus sentimientos más íntimos es sustituida por todo aquello que rodea al hombre (Realismo). En el último tercio de este siglo, el Realismo se intensifica, dando lugar al Naturalismo.

El estilo poético de Ramón de Campoamor (1817-1901) y el de José Zorrilla (1817-1893) podrían agruparse bajo la denominación de romanticismo realista matizado de un gran dramatismo con el que describen, con maestría, las situaciones más cotidianas a veces, y otras rezuma unos sublimes sentimientos de lírica espiritual.

Entrelazado con el Naturalismo aparece otro movimiento literario en España, dentro del cual se halla la llamada “Generación del 98”, me refiero al Modernismo. Éste se desarrolló entre los años 1880-1910, fundamentalmente en el ámbito de la poesía, y caracterizado por su ambigua rebeldía creativa, su refinamiento narcisista y aristocrático, una profunda renovación estética del lenguaje y la métrica, y el culturalismo cosmopolita. Tras el Modernismo, vendrían, ya en el siglo XX, la “Generación del 14”, la Generación del 27”, etc. etc.

Resumiendo, como hemos podido comprobar, los cincuenta poetas clásicos antologados empiezan con el Mester de Clerecía (siglos XI al XIII), nacimiento de la literatura española, hasta finales del siglo XIX con los poetas románticos-realistas, sin entrar en el Realismo puro, ni en el Naturalismo, ni, obviamente, en posteriores escuelas poéticas.

Con este acontecimiento cultural se abrió una puerta al mundo, la cual ya quedará por siempre abierta. Tras ella está la obra Antología Poética CIEN VOCES. De esta forma pueden acceder a la misma las generaciones presentes y futuras. Las de hoy son conscientes, las de mañana lo serán también, de que la poesía no es algo que se ve o se mira, sino la luz que nos permite ver y mirar. Y lo que vemos y miramos son nuestros adentros o la vida. Es decir, ver y mirar y observar lo que la mayoría no ve, ni mira, ni observa..., captándolo, entendiéndolo y asimilándolo para, después, darle forma y contenido. Aunque, para lograr esto, debemos tener en cuenta que “la poesía, tal y como expresa Joseph Joubert, no se puede encontrar en ninguna parte a no ser que la llevemos nosotros mismos”.

La Antología Poética CIEN VOCES es un libro brillante, oportuno y serio que mantiene una fuerza emocional, asombrosa, una claridad y finura encomiables y un sólido fondo desde el primer al último poema. Por ello, una buena armonía entre estado anímico y disposición de tiempo y espacio es necesaria para leer esta obra.