POR SENDAS Y OQUEDADES DEL OTOÑO

URNA DE CRISTAL
Custodio TEJADA
Prólogo de Antonio Enrique
Port-Royal Ediciones. Poesía. Granada, 2006. Págs. 72

 

Este es el segundo poemario que publica el poeta granadino Custodio Tejada, afincado en Guadix (Granada). En esta ocasión, el libro ha sido publicado por la prestigiosa editorial granadina Port-Royal, cuyo director de publicaciones es el insigne poeta José Lupiáñez Barrionuevo.

La poética de Custodio Tejada responde a un conjunto profundo de experiencias, con aptitud suma para comunicarse y para expresar, desde la singularidad y la belleza poéticas, cuanto va atesorando a lo largo de su tiempo en su mundo interno, ya enriquecido de pensamientos y conceptos, de percepciones y sensaciones, de vivencias y huellas… La poética del autor purullenense está, pues, estructurada, en su conjunto, sobre la base de la inteligencia literaria del poeta, la cual trasfunde su luz lírica a los poemas, con una perfección estilística, rítmica, comunicativa… que cautiva, que sorprende. En definitiva, es una poética que nace de la vida, del ser humano, del poeta, fusionándose con el lector al transmitirle a éste el fulgor y la fecundidad y la trascendencia de la poesía. “Más que modo de conocimiento, refiere Saint John Perse, la poesía es, ante todo, un modo de vida, y de vida integral. El poeta existía en el hombre de las cavernas; existirá en el hombre de las edades atómicas; porque es parte irreductible del hombre. De la exigencia poética, que es exigencia espiritual, han nacido las religiones mismas, y por la gracia poética la chispa de lo divino vive para siempre en el sílex humano. Cuando las mitologías se desmoronan, lo divino encuentra en la poesía su refugio; aun tal vez su relevo. Y hasta en el orden social y en lo inmediatamente humano, cuando las Portadoras de pan del antiguo cortejo dan paso a las Portadoras de antorchas, en la imaginación poética se enciende todavía la alta pasión de los pueblos en busca de claridad”.

Después de leer, con entusiasmo y delectación extremas, y adentrarme en las profundidades de las creaciones líricas de Custodio puedo afirmar que “Urna de cristal” es un poemario impregnado de efectos anímicos, de musicalidad en esencia, de formulaciones simbólicas…, que, desde su naturaleza y coherencia literarias, transustancia al lector, transformando su impulso vital y su cotidianidad en el credo por el que se rige la vida y la muerte, como manantiales por donde fluye esa agua que, aunque no la podamos percibir por nuestros sentidos, sabemos que está ahí -corriendo por sus infinitos cauces invisibles- porque su esencia está más allá de los límites de cualquier conocimiento posible.

Aquel que lea “Urna de cristal”, libro que tiene en sí un poder inmenso de atracción y sugestión, se sentirá conmovido, maravillado, con la abundancia de formas, el exuberante léxico poético y la diversidad de procedimientos retóricos que utiliza y conjuga el poeta para crear y modelar sus poemas desde los hondones de su alma sensible, lo cual le proporciona una extraordinaria calidad literaria al poemario. ¡La palabra! ¡La palabra! Ortega y Gasset afirma que la palabra es...“Nada, un poco de aire estremecido que, desde la madrugada confusa del génesis, tiene poder de creación”, pero que muy pocos individuos poseen la capacidad para usar ese poder. En medio de esa minoría de auténticos creadores se halla Custodio Tejada. Su palabra es consagratoria. Nuestro poeta, con el poder de creación de la palabra es capaz de llevar al hombre hacia el ámbito abierto en el que se encierra, guarda y habita lo sagrado, hacia esa espiritualidad que posee la música, el verdadero poetizar. Él mismo quiere perderse en esa espiritualidad, quiere hacerse impersonal como el espíritu.

“El trasfondo de la presente “Urna de cristal”, manifiesta el egregio poeta Antonio Enrique en su magistral prólogo, es este paisaje y este otoño (se refiere el prologuista al valle del Fardes), sobre los que ha asentado (el autor) una rica simbología, basada en la tensión primordial del amor frente a la muerte. (…). Lo que singulariza “Urna de cristal” es precisamente su vacío, aquello que no puede verse. (…) La urna está vacía y aguarda. (…) Todo es una escenografía a la espera de algo inminente, pero inasible: un tránsito hacia lo que aún no se ha declarado, pero que incuba dilatando sus raíces”. Ciertamente, partirá un día desde la estación de la vida, un día desconocido para los mortales hasta que nazca y abran, antes de que muera, esa urna de cristal para dar cobijo, precisamente, a los sentimientos y a la inteligencia, a los triunfos y a las derrotas, a la vida y a la propia muerte. “Muere la luz/ cansada de viajar/ a través del tiempo/. (…) Muere el tiempo/ en lenta agonía mientras tritura/ lo que a su paso envejece/. Sin distinciones muere lo sano/ y lo enfermo muere. Todo muere/, incluso la muerte//”. (Del poema “Porta Coelli”, p. 44).

En “Urna de cristal”, su autor, en el crisol del paisaje otoñal del valle del Fardes, mixtura, con su sentir de poeta, todo aquello que deja su impronta en el ser humano: el amor en todas sus variedades, el tiempo, el gozo, la esperanza, el dolor, el sufrimiento, la melancolía, la muerte… Obviamente para Custodio Tejada, como hombre y poeta, la vida de cualquier ser humano, sin distinción de evoluciones ni de latitudes, debe estar presidida por el amor humano, ese amor con poder mágico, que acoge al individuo desde que es concebido en el seno materno hasta que deja de ser recordado, nutriéndolo y protegiéndolo, alentándolo y apoyándolo… de principio a fin. “El poeta os tiende la mano, expresa Vicente Huidobro, para conduciros más allá del último horizonte, más arriba de la punta de la pirámide, en ese campo que se extiende más allá de lo verdadero y lo falso, más allá de la vida y de la muerte, más allá del espacio y del tiempo, más allá de la razón y la fantasía, más allá del espíritu y la materia. Allí ha plantado el árbol de sus ojos y desde allí contempla el mundo, desde allí os habla y os descubre los secretos del mundo”.

Tras el prólogo, estos tres versos de Vicente Aleixandre abren al lector el camino del libro: “La tristeza u hoyo en la tierra/, dulcemente cavado a fuerza de palabra/, a fuerza de pensar en el mar…”.

“Urna de cristal” consta de 32 poemas. De ellos 29 son monoestróficos y el resto, poliestróficos. Tanto en unos como en otros está siempre presente la estrofa heterométrica. En cuanto a la rima, el autor utiliza en todas estas creaciones poéticas el verso libre, en el que encontramos, además del aspecto conceptual, un ritmo interno que le proporciona a cualquiera de estos poemas un talante formal, el cual tiene como bases las propias estructuras morfosintácticas y acentuales del poema. En el siguiente poema breve podemos confirmar lo reseñado. “Nada importa morir cien veces/ si al final triunfa/ el gesto amable/. Nada importa más en el universo/ que nuestra dicha/. Sólo el amor salva/. Sólo él me hace portador/ de un fuego demiúrgico/ que transmite paz y armonía/. Fuera de su convocatoria/ nada existe y nada importa/. Sólo la mirada y su caricia / puede devolvernos la inocencia/ que perdimos//”. (Del poema “Epitalamio”, p. 50).

Custodio Tejada (Purullena, Granada, 1969) ejerce en la actualidad como docente. Su vocación artística le lleva a compartir su tiempo creativo entre la literatura y la pintura. Además, colabora asiduamente en diversas revistas literarias y medios de prensa en especial en “Granada Costa”, periódico mensual de información nacional y sociocultural.

Como poeta se da a conocer con “Rosas de luz y sombra” (Granada, 2002), un primer libro que ha tenido una acogida muy favorable en el ámbito de la crítica de estos años recientes. En sus poemas se conformaba ya un universo estético singular, sustentado por un léxico personal, imágenes novedosas y, sin duda, originales y sorprendentes, y un indudable componente visionario. El sentido último del poemario queda muy bien explicado en palabras de Leopoldo de Luis: “La simbología de la flor, tan bella y perfecta, le sirve para expresar las contradicciones de la vida y sus ilusiones. No cabe paradigma con mayor encanto poético”.

“Urna de cristal” tiene la complejidad de la poesía insólita, intensa, honda. No es de extrañar dada la fuerte personalidad humanística y poética de su autor. Estamos, pues, ante un libro inhabitual, de pureza extremada, que debe ser recibido como un acicate a la reflexión de la que tan falto está el hombre de hoy.