EL COSMOPOLISTISMO EN POESÍA

POEMA URBANO
Elías MÁS SERRA
Editorial Biblioteca CyH. Colección “Poesía”
Aiguafreda (Barcelona), 2006. Págs. 64


 

Late con frenesí la gran ciudad. Gritan los ruidos y la contaminación, las aglomeraciones y las prisas… Por sus calles y plazas, avenidas y jardines pasea o camina el poeta, observándolo, viéndolo todo cuanto hay y sucede a su alrededor. Lejos de su esencia poética se encuentran esos aromas tan característicos como el olor a pueblo, o al de la naturaleza virgen, o al de la tierra mojada por las primeras lluvias. El poeta nunca lleva la mirada perdida, ni los oídos taponados, ni la nariz cegada… Anda o deambula por las calles y plazas de cualquier ciudad del mundo dejando una estela de luz al caminar, pero la gente que va y viene por ellas no percibe, en medio del ajetreo citadino, ese fenómeno luminoso, mágico. El panorama de la gran ciudad, lleno de humo y sombras grises, tal como si lo hubiéramos extraído de la imaginación de Charles Dickens, lo envuelve todo, incluso los pasos, el silencio, los sentidos del caminante… Él es el poeta de la gran ciudad.

En “Poema urbano”, su autor, desde los binomios espacio-tiempo y espacio-límites, nos ofrece, con sus creaciones poéticas, las percepciones y sensaciones y emociones, que fusiona en sus simas íntimas, sobre la ciudad y todo lo que ésta encierra, incluyendo su propia identidad y las relaciones entre los miembros de un estrato social y entre los de las distintas estratificaciones de la sociedad urbana. Cada vez que me sumergía en las páginas de este libro y las exploraba a fondo, fluía de mi memoria una serie de evocaciones sobre la poesía de Vicente Huidobro.

La poética que posee influencias urbanas es, sin duda, más realista y abierta, pero no menos sorprendente, no menos estimulante. Se podría concentrar en un aspecto concreto: el del poeta y la ciudad y el arraigo de éste a ese entorno geográfico. Esto tiene mucho que ver con la reflexión sobre los adentros del cuerpo urbano, sobre el deseo y los límites, con el yo y su soledad, pero también con la visión de los otros o el modo en cómo los otros están también ahí.

Es evidente que cada ciudad tiene su propia savia que brota de sus raíces. El círculo urbano en el que se encuentra inmerso el poeta se entremete en el tejido de su creación y le marca el ritmo. La textura del asfalto, el olor del aire urbano, el rumor de la voz de la calle que se mezcla con el de los vehículos, intervienen en el pulso del artista y plagan la palabra de esa realidad vital siempre presente, una vez que ésta se halla en el núcleo del cosmos íntimo del poeta. Por ello, la presencia de la ciudad en la literatura tiene dos facetas que nacen de sus orígenes. La savia de la ciudad hecha por quien la contempla desde afuera y por aquel que la vive desde sus vísceras. “El tema de las ciudades y la poesía, manifiesta Andrés Morales -Universidad Diego Portales, de Chile-, es un asunto que aún no puede darse por terminado. Tanto en Hispanoamérica como en todo el mundo, no me cabe duda que será materia de reflexión y escritura por muchos años más. Tal vez lo más interesante no es preguntarnos por qué la poesía de hoy tiene su morada en el ámbito de la ciudad. El desafío mayor es comprender, leer y hasta imaginar cómo la poesía habrá de cambiar ese paisaje urbano para hacerlo más habitable. La respuesta, estoy seguro, está en las propias palabras del poeta, en la construcción, en la crítica, en la afectividad, en la reflexión, en la apuesta de quien nunca está satisfecho con su experiencia vital. La poesía, me parece, no puede ser una afirmación vociferada, por el contrario, creo que la poesía ha de ser ese firme canto que celebra y especula, pero que por encima de todo pregunta”.

“Poema urbano” está formado por 28 poemas y 3 “construcciones”, según el autor, o 3 poemas objetos (visuales o experimentales). Al contenido del presente libro le precede un exquisito exordio de Víctor Pozanco, editor de la obra. En dicho prólogo, entre otras cosas, nos dice su autor: “Como ocurre con toda gran poesía los versos de Elías Más me evocan a muchos maestros sin que sea capaz de señalar a ninguno. Y eso suele ser síntoma de una voz personal con el centro de gravedad en la síntesis de los mejores”.

27 de los 28 poemas son poliestróficos. En general predomina el verso blanco libre, aunque en algunos poemas nos hallamos determinadas estrofas con versos blancos sueltos o con una rima asonantada, pero sin adaptarse a norma alguna. La métrica versal es variable en cada poema. Por ello, el cómputo silábico abarca desde el bisílabo hasta el alejandrino, imperando los heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos. En todos ellos hay una variada riqueza de figuras retóricas con las que el autor potencia estética y expresivamente el lenguaje. Entre ellas sobresalen las del plano léxico-semántico.

Elías Más dividió su poemario en 4 partes: “Poema urbano”, “Cantata urbana”, “Liturgia urbana” y “Construcciones”, ya reseñadas. Los 21 poemas de la primera parte forman una unidad temática, un conjunto dentro del cual están unidas, por el hilo conductor de lo urbano, las 21 creaciones líricas, formando un todo único, un poema. En estas dos estrofas Elías nos habla de los andamios que vemos en los edificios en construcción de cualquier ciudad del orbe. “Los muñones de andamios/ se apuntalan con las crucetas/ de acero.// Acodan los espacios, fijan pasillos/ en tablones desechos/ que crujen angarillas/ al paso del ladrillo y del hormigón…”// (Del poema XII, p. 26).

En “Cantata urbana”, con el primer poema el autor expresa maravillosamente la marcha “obligada” a la gran ciudad de aquellos que dejaron su nido rural. Incluso hoy, ese éxodo continúa, pero ya apenas tiene caudal. Sin embargo, tanto en la segunda mitad del siglo XIX como en los dos primeros tercios del XX, el flujo rural-urbano sobrepasaba cualquier cauce por muy profundo que éste fuera. “Mi canto urbano no es sino esperanza…/…la segura certeza/ del ayer que aún os queda/ en la memoria.”// (Del poema I, p. 39).

En la tercera parte del libro, Elías Más, elige para nombrar y crear sus poemas 5 de las 7 horas canónicas (según la denominación de San Benito, s. VI). Por ello, esta organización de horas de rezo comenzó en los monasterios benedictinos. El origen de las mismas se halla en el “Salmo V”: “Siete veces al día te alabaré”, y también se lee “a medianoche me levantaba para darte gracias”. De las siete horas canónicas, nuestro poeta ha recogido los Maitines (a medianoche), los Laudes (sobre las 3 de la madrugada) y las Vísperas (18 hs.) -que se consideran horas mayores-, y de las horas menores sólo trabaja sobre la Sexta (12 hs.) y las Completas (21 hs.). “Es la hora expectante del umbral/ frente a la tarde tensa./ Llegan noticias/ de muerte (es el rumor que como un/ lento gas se extiende).// (…) “…rompe el silencio:/ la sirena violenta/ y la ansiedad:// la tarde se establece”.// (Del poema “Hora de sexta”, p. 47).

En cuanto a lo poemas visuales (objetos), en el primero nos dice el autor: “Construí un/ paisaje/ para aprehender la luz y el tiempo”.// En el siguiente: “Ansío/ luz/ desde el profundo altar de mis entrañas”.// Y en el último: “Mínima isla inventada/ …mi débil obsesión/ …mi pertinaz ausencia”.// (pp. 53 a la 57, ambas inclusive). Obviamente cada texto va acompañado de su correspondiente poema experimental.

Elías Más Serra, Manlleu (Barcelona), 1945. Es arquitecto, director general del Gabinete de Arquitectura del Ayuntamiento de Bilbao hasta octubre de 2005. Miembro supernumerario de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.

Ha obtenido diferentes premios en certámenes de Arquitectura, y su obra ha sido expuesta y publicada tanto en el país como en el extranjero: Sofía (Diploma de la Bienal de 1991), Bruselas, Biarritz, Londres, Glasgow, Melbourne, Vitória-Brasil, Chicago, Pittsburg…

Ha pronunciado conferencias en la Architectural Asociation de Londres, en la Universidad de Caledonia (Glasgow), en la Fundación para la Arquitectura (Bruselas), en el Centro Internacional para el Diseño Urbano (Florencia), Trienal de Milán, además de en otras diferentes Universidades, Asociaciones y Congresos.

En materia de Arquitectura es autor de las siguientes obras: “50 años de Arquitectura en Euskadi”, “Elementos de Diseño Urbano”, “Bilbao: Arquitectura y Arquitectos”, “Los Planos de Bilbao”, “Ricardo Bastida, un arquitecto para Bilbao”, “Arquitectos Municipales de Bilbao”, “La Iglesia del Corazón de María en Bilbao” y otros textos en colaboración, además de artículos en prensa, revistas especializadas y en libros de arte, arquitectura y urbanismo.

En el aspecto literario es autor del libro de poesía “Samos” (1991) y del de ensayo “Prefiero el pez” (2005).

En “Poema urbano” su autor nos revela, con voz contundente y pulida, desde la singularidad y la brillantez y la excelencia, cómo él percibe, asimila y siente la vida en la urbe. Ciertamente “Poema urbano” es un triunfo literario para Elías Mas y un gran éxito para la acreditada Editorial CyH, dirigida por Víctor Pozanco.