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LA LUCHA DIARIA DE UN POETA
NO PUEDO
CALLARTE ESTOS DÍAS La labor que lleva a cabo Carlos Vitale como traductor de poetas italianos es encomiable. Además de un egregio poeta, Carlos dirige, magistralmente, la Colección de poesía italiana “Peccata Minuta”. Nace en Buenos Aires en la década de los 50. Se licencia en Filología Española y Filología italiana. Fue incluido en “Por vivir aquí. Antología de poetas catalanes en castellano (1980-2003), edición de Manuel Rico y prólogo de Manuel Vázquez Montalbán, Bartleby Editores, Madrid 2003. Actualmente reside en Barcelona.
Al leer este último poemario del también insigne poeta italiano Ferruccio Brugnaro nos sorprende sobremanera las impresiones de autenticidad de unas convicciones soleadas y el afán en denunciar los despropósitos que azotan a la humanidad, como un fluir continuo de luz que nos transmite el autor con su palabra desnuda, con su palabra de peso. “No puedo callarte estos días” es una antología en la que la selección de poemas y su traducción al castellano es obra de la preclara poeta Teresa Albasini Legaz. Teresa nace en Zaragoza. Es licenciada en Filología Española, profesora y traductora de Lengua italiana. Albasini Legaz ha sabido revivir perfectamente, no sólo todo aquello que el poeta ha deseado comunicar al lector, sino también la belleza y el ritmo, la cesura y la musicalidad..., con la que Ferruccio ha plasmado estas composiciones poéticas, sumamente profundas. Con ellas nos brinda la clave para vencer, sin contemplaciones ni ambages, la inestabilidad y la decadencia que llueve y empapa día a día el alma del hombre y del mundo.
Para quien esto escribe y firma la poética de Brugnaro es un medio de expresión de lo humano, ya que el poeta percibe y, desde su personalidad selectiva, nos hace partícipe de los sueños, deseos y realidades de un orbe, el nuestro, tan complejo y desasosegado como impersonal. Sobre él la voz del poeta italiano se hace sentir, como un continuo canto riguroso y formalista que nos sumerge en nuestra propia vida y en la de cualquier ser humano con el que, realmente, nos identificamos. La voz del poeta Ferruccio llega hasta el último rincón del planeta y a cada corazón por muy lejos que éste se halle de esta fuente inagotable de vida. Entre su voz y el hombre que vive hay una comunión total, es decir, no existen distancias. Por ello, su influencia, si dejamos que nos embriague, transforma nuestra noche, la de nuestros semejantes..., en definitiva, la de este mundo de principios del siglo XXI y las posibles de las centurias venideras en un foco de luz, en un caudaloso río de palabras vivas, alentadoras, que se asientan en un lenguaje nunca vulgar, nunca denotativo, al contrario, tan resplandeciente como batallador, que nadie ni nada puede ningunearlo, o eclipsarlo, o acallar su estruendo natural, porque se eleva de la conciencia del hombre de hoy, de ese ser indefenso y a su libre albedrío que navega por un mar en desconcierto, tempestuoso en extremo, a merced de unas fuerzas por él incontrolables.
De “No puedo callarte estos días” deducimos que Brugnaro irradia solidez de vida interior, sustancialidad de emociones aglutinadas en el núcleo de su esencia denunciante y a la vez conciliadora, capacidad de observación y de penetrar en su intimidad y en la de las demás personas, entrega o donación sin ambigüedades de su lirismo en fusión permanente con las erupciones visibles y crípticas de la vida diaria, además de con sus reflexiones metafísicas, compromiso, adhesión abierta y sin máscaras con los que sufren, en su espíritu y en sus carnes, las causas y los efectos de una época de desordenes de todo tipo... Todo ello tamizado por un sentido de la dignidad y de la justicia, de la armonía y del buen hacer..., el mismo que da sentido a su propia vida.
Marcado por la aureola del acierto y la ilusión, el poeta italiano camina lleno de expectativas siempre renovadas. El estilo de su lírica toda vitalidad demuestra que su lenguaje rico es tan elocuente como su admirable expresividad y brillantez. La digresión no existe en estos poemas de Ferruccio. Todos ellos se hallan en una misma línea, una continuidad de su credo y sentimientos, así como de la estética que el poeta le exige al lenguaje y a su labor de creación.
El contenido de este libro está formado por 35 poemas. Su lectura la creo imprescindible para los que amamos la poesía luz, la poesía viva en su original aventura literaria, y para aquellas personas que sienten complacencia al leer este tipo de poemas de una riqueza y prestigio excepcionales. Creaciones que arrojan una luz nueva al impactar directamente en el lector.
En el poema “No tenía muchas ganas”, Ferruccio nos manifiesta con claridad meridiana que nuestra lucha es una entrega valiente y sin condiciones, donde no existe la renuncia ni botín alguno: “No esperéis nada. / Nunca renunciaremos / a creer / en la semilla que germina / y brota / siempre. / No esperéis nada. / Nunca renunciaremos / a creer / en las flores gozosas / de nuestros gestos / de nuestras palabras / que se abren una y otra vez / sin fin / entre profundos secretos y silencios” //. (Págs. 14 y 15). Pero estos combates del poeta, del hombre que cree en su propio entusiasmo, en su poderío interior..., tienen una meta, un objetivo: “...tenemos que ver claro / dentro de nosotros / (...). El tiempo ya no será / nunca más triste / frío / la luz inundará / todo espacio / todo ángulo muerto / la tierra ya no será fría / la vida volverá a lanzar su desafío / a todo miedo / ya no tendrá frío / volverá a lanzar / su desafío / a toda infamia / a todo terror / a toda aniquilación” //. (Del poema “No hay salida”, págs. 26 y 27).
La palabra del poeta italiano se expande por el mundo con una energía y una nitidez que nos saca de nuestra cómoda madriguera, del conformismo férreamente enraizado en los hondones de nuestro espíritu, de la indiferencia que nos paraliza... para adentrarnos en una realidad que, aunque la veamos y la palpemos, no queremos sentirla ni que nos salpique: “Soy un hombre de lucha / más duro / que la piedra. / Soy el amor y la luz / escondidos / en el corazón del día / dentro de todo / el tiempo / quemada toda cárcel / quemado todo tipo de muerte”. // (Del poema “No temo, no dudo”, pág. 31).
Después del apogeo siempre viene la decadencia, la ruina. Los instantes, los tiempos luminosos presagian momentos sombríos, crípticos, épocas oscuras. Todo en la vida es así. Nada es hoy igual que ayer. Todo en el mundo esta bajo las leyes de la transformación Lo que hace un tiempo emitió luz, hoy se halla sumido en la más espantosa negrura. Lo que hoy es negro, puede que mañana, si no desaparece antes, sea un sol a mediodía. A ese cambio constante obedecen ciegamente el principio y el cenit, el declive y el ocaso, el olvido... Sólo el amor permanece, porque sólo el amor sale siempre victorioso, y en él la alegría de vivir se manifiesta para gloria y gozo del hombre, de la humanidad: “Sólo la alegría triunfa / entre estos choques / de rocas y aguas / entre estas dolorosas / conjunciones de sangre / y caminos. / Todo está claro. / Sólo el amor triunfa. / No hay muerte / en nuestras carnes, no hay muerte”//. (Del poema “Sólo la alegría triunfa”, pág. 55).
Pero..., aunque todo lo que tiene o no tiene vida sobre este mundo, está convocado a la extinción, al olvido, el guerrero del amor sabe que su lucha diaria dejará sus frutos a las generaciones venideras, y de éstas pasarán a las siguientes. El amor y, en él, la alegría es esa agua cristalina e inagotable que hoy da vida a aquellos que la beben, y mañana ese mismo manantial continuará proporcionándosela a los que prosigan esta guerra por implantar el amor en el corazón del hombre y en el del orbe. Difícil tarea, pero no imposible: “Parece una cosa irrealizable. / Compañeros. / Sin embargo no es así. / En el tiempo / así brotarán nuestras luchas / nuestras vidas / en una tierra nueva / en un mundo nuevo”. // (Del poema “En el tiempo así brotarán”, pág. 75).
Ferruccio Brugnaro nace en Mestre (Italia) en 1936. En la actualidad vive en Spinea - Venecia -. Desde 1965 se entrega en alma y cuerpo a la poesía. Ha publicado más de diez libros. En 1998 y 2000 se editan en inglés, traducidas por Jack Hirschman, dos antologías de su obra: “Fist of Sun” y “Partial Portrait of Maria”. En traducción francesa de Jean-Luc Lamouile ha aparecido “Le printemps mûrit lentement” (2002). |
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