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SENTIR Y VIVIR EL AMOR
ESCRITOS Y
ESCRITURAS Un nuevo éxito se ha apuntado la editorial Granada Club Selección-Granada Costa, dirigida y gestionada por José Segura Haro, con la publicación del libro “Escritos y Escrituras” de Adriana Rubiño Núñez, escritora, poeta, periodista y doctora en Medicina. El diseño y la maquetación son obra de Fran Segura, genial profesional y artista del Diseño y las Artes Gráficas, la ilustración de la portada es creación de Anemi Moolhuijsen y la traducción al árabe la llevó a cabo, magníficamente, Isma´il Muhammad Muhsin.
Después de varias lecturas minuciosas de esta obra y de sumergirme, también en varias ocasiones, en los poemas de Adriana Rubiño, puedo afirmar que es una mujer nacida para la literatura de altos vuelos. Para la autora del presente poemario la difícil y suprema poesía no encierra secreto alguno. Su poesía es la más genuina demostración de cómo es, fue y debe ser siempre la poesía auténtica.
Esta obra poética se apoya fundamentalmente en el mundo interno de nuestra poeta. Con esta riqueza endógena, Adriana construye unas poesías plenas de calidad literaria. La autora teje y elabora, con todo mimo y cuidado, esos poemas que describen de manera magistral los argumentos propios de sus sentimientos y de sus vivencias y el impacto que produce, en sus adentros, la experiencia que le proporciona lo vivido en especial lo concerniente al amor, a ese sentimiento que “es como el agua, manifiesta Arturo Graf, si no hay algo que lo agite a cada instante, se pudre”, y al desamor. Por ello, junto al título de la obra aparece, quizás como subtítulo, “Versos de amor”.
Al leer y releer a Adriana he advertido de qué manera tan bella, elegante y sutil, nos demuestra lo mucho que ha bebido en las cristalinas fuentes de los poetas clásicos y de otros muchos grandes poetas españoles y de otras nacionalidades. Si libamos con deleite en el fondo de sus versos los inconfundibles perfumes que emanan, éstos nos traerán la belleza y la alegría, la transparencia y la luminosidad, la cadencia y la música de la poesía considerada y reconocida como arte de vivir que es, en definitiva, el arte de amar, porque “quien no ama, refiere Saadi, ignora la alegría de vivir”.
El amor, para Salinas, es la dichosa ventura de vivir en otro, de ser vivido. En el caso de Adriana, es el amado el que le hace cantar a la poeta, pero en el proceso amoroso cada uno trata de explorar en el otro su “mejor tú”. De ahí la necesaria transparencia, que sugiere también una suerte de identidad y, sobre todo, hallarse abierto al mundo. “El amor, expresa Baudelaire, es la necesidad de salir de uno mismo”. Si cualquier ser humano al sentir esta precisión permanece dentro de él, es un solitario desventurado que muere a cada paso.
La propia autora nos dice en la “Introducción”: “Al igual que las figuras geométricas, posicionadas en su óptimo momento tridimensional nos regalan la perfección de su óptica, es como se muestran todos y cada uno de los renglones manuscritos, con la máxima exposición que la belleza de la inocente emoción nos desnuda…, “como la belleza de la desnuda emoción nos conmueve”.
Así se podría reflejar el conjunto que reúne este “Escritos y Escrituras”, estos versos escritos y estas escrituras de amor, que confluyen en un ser de versos de amor sentidos, vividos”.
Ciertamente la poeta Adriana Rubiño se sabe portadora de un poder, de una voz que intenta representar la voz de otras mujeres. Ella concibe su poesía como una forma de vivir, y el acto de la creación como una maternidad.
Estar en el mundo es vivir inmerso en lo provisional intermitente. Los instantes de plenitud son la manera de recobrarnos prístinos a nosotros mismos, de recuperar lo que en nosotros es belleza inmarcesible, vivir la unánime presencia de la luz que no muere, experimentar el deslumbramiento de las apariciones memorables. Volar en los bosques de la música intraducible. Encontrar el espacio del vuelo para las alas del fulgor profetizado. Vivir en el corazón de la libertad sin límites, en el color pleno de la ventura. Ir de los instantes felices a los tiempos felicísimos. Besar infinitamente los labios de la dicha bendecida y benedicta. Dice Octavio Paz que “el mundo cambia si dos se besan”. Se refiere el autor de “Árbol adentro” con estas palabras que, cuando el amor habita y palpita y crece en los adentros de dos seres que se aman, todo se transforma…, incluso hasta el mundo.
Tras la “Introducción”, ya referida”, nos encontramos con el magistral y culto y sorprendente “Prólogo” de Andrés Ollero, Catedrático de Filosofía del Derecho. En él, el prologuista, entre otros muchos conceptos, ideas, reflexiones…, nos manifiesta: “El lector acompaña al poeta, intentando descubrir el sentido verdadero de la realidad que su texto nos presenta. *El fenómeno de la verdad, teóricamente imposible, no se conoce más que por la praxis que la hace*; la verdad es otro nombre de sedimentación*, *la memoria de todo lo que se ha encontrado en el camino*; porque *la verdad, el todo, están allí desde el principio, pero como tarea a cumplir, y por tanto no están aún allí*”, p. 9. (El autor de lo escrito entre asteriscos es M. Merleau-Ponty).
El corpus libri de “Escritos y escrituras” lo componen un conjunto de 40 poemas (29 monoestróficos y 11 poliestróficos). Tanto en unos como en otros, las estrofas son heterométricas y el axis rítmico estrófico es atípico, es decir, sin atenerse a normas ni a reglas poéticas ya establecidas, sino completamente al “gusto de la autora”, lo cual le proporciona a Adriana una libertad amplísima para desarrollar su obra, cuyo hilo conductor lo compone el binomio antitético amor-desamor, es decir, que su poesía se origina y se debate en un dualismo antagónico, pero ejercitando una poesía que hace revivir o resucitar la pasión del amor, la pasión de la vida. Por consiguiente, esa misma línea que los une es una continuidad del credo de la poeta y de sus sentimientos, así como de la estética que ella le exige al lenguaje y a su labor de creación. En cuanto a los versos, según, el número de sílabas, la poeta trabaja, en un complicado mezclamiento poético, con los versos simples de arte menor y los compuestos de arte mayor, incluso utiliza versículos para introducirlos en determinadas composiciones líricas.
El amor es como un trípode. Una de sus patas es el deseo sexual. Otra es la comunicación y el contacto íntimo. Y la otra: el respeto y la confianza (y la seguridad que ésta última sustenta). Cuando alguna de sus patas se rompe, el trípode se cae. Entonces es cuando llega el desamor y la pareja lo vive o no (en este caso hay una ruptura total). Cuando fallan las ganas de compartir, de experimentar, de hacer cosas juntos, de construir, de acercarse en la unión, de “hacer piña” juntos, de hacer el amor, de hablar sobre las cosas de dos, de hacer proyectos juntos, de divertirse y reír, de emprender y ayudar al otro, de cuidarle y protegerle, es cuando llega y arraiga el desamor.
Marcada por el acierto y el buen hacer literario, Adriana camina llena de expectativas siempre renovadas. El estilo de su lírica toda vitalidad demuestra que su lenguaje rico es tan elocuente como su admirable expresividad y brillantez. La digresión no existe en estos poemas de la poeta granadina. Sin embargo, el vínculo con esa realidad vital, que nos hace crecer o nos consume, está presente tanto en la naturaleza fluida de las imágenes como en el uso de recursos, en el perfecto ritmo musical que percibe y siente el lector en los hondones abisales de los poemas, en las enumeraciones heteróclitas de objetos e individuos, en las sustantivaciones y adjetivaciones precisas, en las metáforas de una calidad impresionante, sorpresiva…
Adriana Rubiño Núñez, nacida un 25 de mayo de la cosecha del 69. Por madre le corre sangre salobreñera (Salobreña, Granada) y por padre tiene sus raíces en Motril (Granada).
Criada en playas de arena “plateá”, salitre, rebalaje dulce y en tierras de caña de azúcar y melaza. Pasó dichosos días escolares y una juventud llena de experiencias en su tierra natal. Estudió Medicina en la Universidad de Granada, de la que es una mujer “apaxionada”, sentimiento que adquiere en tierras lusas, donde actualmente ejerce la Medicina.
Es miembro de Granada Club Selección-Granada Costa y asidua colaboradora del periódico “Granada Costa”, perteneciente al referido Club.
He aquí, en “Escritos y Escrituras”, lo poéticamente bello, la magia de Adriana Rubiño: su capacidad para sembrar en el corazón del lector los más nobles sentimientos, ésos que ella cultiva, con sumo esmero, en el suyo; para jugar con las palabras desde la vitalidad creativa, desde la sorpresa y la atracción poéticas, desde el impacto seductor, desde la cadencia y la musicalidad, tan sólidas como hechiceras, para, de esta manera, trastocar el flujo convencional del lenguaje… Adriana juega con las palabras como si fueran un osito de peluche, su osito de peluche.
Eliot escribió que hay tres características fundamentales en un gran poeta: excelencia, abundancia y diversidad. Por lo tanto, podemos decir que en la poeta Adriana Rubiño Pérez hay una gran poesía, en este caso, amorosa. Una poesía excelente, abundante y diversa. |