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NO A LA PENA DE MUERTE
La pena de muerte es una aberración monstruosa y abyecta del hombre o de la comunidad que la ansía, la aprueba, la permite o la sustenta. Por ello, tan viles e indignos, por irracionales, son los defensores de la pena capital como los que viven indiferentes a ella, o no se manifiestan en contra de la misma, o no luchan día a día para abolirla del mundo. “La pena de muerte es repugnante, especialmente si se condena a un inocente. Pero sigue siendo una injusticia incluso cuando recae en alguien culpable de un delito”. (Comentario de Giuliano Amato, primer ministro de Italia, el 14 de septiembre de 2000). La cifra de personas a quienes les fue aplicada la pena de muerte en 2004 alcanzó uno de los niveles más altos de los últimos 25 años, con 3797 casos en 25 países. 2.148 ejecuciones, según Amnistía Internacional (AI), se registraron en 2005 en 22 países del mundo, el 94% de las cuales se produjeron sólo en 4 naciones: China, Irán, Arabia Saudí y Estados Unidos. “Es llamativo, indica dicha organización, que el 94% de estas ejecuciones se produjera en China (1.770 ejecuciones conocidas, aunque según cálculos de expertos chinos, todos los años son ejecutadas entre 8.000 y 10.000 personas), Irán (94 ejecuciones conocidas), Arabia Saudí (86 ejecuciones conocidas) y Estados Unidos (60 personas)”. Aún se mantiene la pena de muerte en 68 países, aunque en los últimos 30 años se ha registrado una tendencia clara hacia su abolición en todo el mundo. A lo largo de 2006 la tendencia ha continuado. Filipinas y Moldavia son las dos últimas naciones que se unieron a la lista de países abolicionistas. Un total de 43 Constituciones en el mundo prohíben expresamente la pena de muerte. “Sin embargo, refiere AI, hay que lamentar que en países como Estados Unidos se siga condenando a muerte, incluso a personas con enfermedad mental, y que en otros, como Irán y Pakistán, se haya ejecutado a menores durante 2006”. “Los países que utilizan la pena de muerte lo hacen de una forma injusta, vulnerando las leyes y normas internacionales”, afirmó el director de AI en España, Esteban Beltrán. “La pena de muerte, prosiguió, no es aceptable nunca, en ningún caso, y cada ejecución constituye una violación extrema del derecho a la vida. Y esta violación se agrava cuando el Estado quita la vida a un ser humano por medio de un proceso judicial injusto”. Según AI, China destaca “por su terrible historial de violaciones de Derechos Humanos” y es el país donde más ejecuciones se realizan al año. “Se condena a muerte, denuncia la organización, a presos en juicios injustos, sin que se respete la presunción de inocencia y con la tortura como medio para obtener testimonios”. Aunque se sigue ejecutando con un tiro en la nuca, cada vez es más común el uso de la inyección letal, lo que facilita la extracción de órganos. En marzo de 2006, varios especialistas chinos en transplantes estimaron que los órganos procedentes de presos ejecutados suponen alrededor del 99% del total de órganos transplantados. En cuanto a EE UU, desde 1977 han sido ejecutadas 1.047 personas en este país (43 en los 9 primeros meses de 2006). La última persona ajusticiada en Mississipi (EE UU), a las 6 de la tarde, hora local, del 18 de de octubre de 2006, tras 25 años en el “corredor de la muerte”, fue Bobby Glen Wilcher, blanco, de 44 años de edad. Este ejecutado estuvo diagnosticado de trastorno bipolar, además de tener un largo historial de problemas psicológicos que incluyen intentos de suicidio. En este caso concreto, el presidente de los EE UU, George W. Bush y la Cámara Suprema de la nación, el Tribunal Supremo del Estado de Mississipi, con sede en Jackson, y el gobernador de dicho Estado, Haley Barbour, son los máximos responsables de este asesinato legal. Las ejecuciones en Irán continúan a “un ritmo alarmante”, según AI, que denuncia las lapidaciones y las ejecuciones de menores en este país. AI ha tenido noticia de al menos 108 ejecuciones en lo que va de año, aparte de que Irán ha reanudado este año las ejecuciones por lapidación, algo que no sucedía desde diciembre de 2002, cuando el presidente de la Magistratura anunció una moratoria en el uso de este método. Actualmente, hay al menos siete mujeres iraníes en riesgo de ejecución por lapidación. Otro país destacado, en cuanto a “la pena de muerte” se refiere, es a la República de Indonesia. Este Estado insular de Insulindia llevaba más de un año sin efectuar ningún crimen judicial hasta que el pasado 21 de septiembre ejecutó a los católicos Fabianus Tibo, Dominggus da Silva y Marinus Riwu. Al día de hoy, hay otras 90 personas condenadas a muerte. Por otra parte, al menos 51 personas han sido ejecutadas en Irak en 2006. “La pena de muerte fue aplicada ampliamente por el gobierno de Sadam Hussein, en 2003 fue abolida por parte de la Autoridad Provisional y fue restablecida en agosto de 2004”, según informa AI. Asimismo, Pakistán es el único país que, junto a Irán, ha ejecutado a menores en 2006. Actualmente, más de 70 personas han sido ejecutadas en distintas provincias del país desde enero de este año. En lo que llevamos de año al menos tres personas han sido ejecutadas en Somalia, también según informe de AI. El pasado mes de mayo, Omar Hussein fue atado a un poste, encapuchado y apuñalado hasta morir por un muchacho de 16 años, el hijo del hombre que Hussein había admitido haber matado. Esto se producía horas después de un juicio que de acuerdo con la “sharia” no permite la asistencia letrada al acusado ni tampoco el derecho a apelación. Por otra parte, más de 25 personas han sido ejecutadas este año en Vietnam. En la actualidad, una persona puede ser ejecutada en este país por delitos económicos tales como el fraude y la malversación de fondos, el contrabando, la falsificación y el soborno. El pasado mes de febrero se presentó una propuesta para revisar el número de delitos punibles con la pena capital. No deja de ser execrable el caso de Perú, cuyo Congreso está analizando tres proyectos de ley que ampliarían el ámbito de aplicación de la pena de muerte, ahora limitada a las personas declaradas culpables de terrorismo o por traición en caso de guerra, invirtiendo la tendencia abolicionista mundial. Asimismo, el pasado mes de julio el presidente del Gobierno polaco, Lech Kaczynski, hizo unas declaraciones en las que abogaba por la reinstauración de la pena de muerte no sólo en Polonia, sino en toda Europa. A pesar de todo lo expuesto, el movimiento a nivel mundial en contra de la pena de muerte es espectacular y los pocos Estados que siguen realizando ejecuciones deberían preguntarse qué es lo que han conseguido con un acto tan brutal como matar a un preso indefenso. Actualmente hay dos españoles condenados a muerte en el extranjero, Pablo Ibar en Estados Unidos y Nabil Manakli en Yemen. Pablo Ibar fue condenado en el año 2000 a la pena capital. Desde entonces permanece en “el corredor de la muerte” de la Penitenciaría de Starke (Florida). El 9 de marzo 2006 el Tribunal Supremo de Florida confirmó la sentencia. Actualmente, la familia está intentando que se repita el juicio. Nabil Manakli, español de origen sirio, fue condenado a pena de muerte en 1997, acusado de organizar un grupo armado. Manakli fue sometido a torturas antes del juicio, en el que admitió los cargos. Desde septiembre de 2003, fecha en que se le confirmó la condena, puede ser ejecutado en cualquier momento. Está más que demostrado científicamente que quienes legislan y aprueban que “la pena de muerte” se aplique en un país cualquiera son individuos de una maldad extrema y manifiesta. “La pena de muerte, afirma Víctor Hugo, es signo peculiar de barbarie”, porque es la forma más excesiva de pena cruel, inhumana y degradante, además de constituir una violación del derecho a la vida. Como el mal que ocasiona la pena de muerte es irreversible, entraña el riesgo de que se ejecute a inocentes. No se ha podido demostrar nunca que la pena de muerte tenga mayor efecto disuasorio frente a asesinos o terroristas, que otros castigos que respetan los Derechos Humanos. Nunca jamás viviría en el seno de una sociedad que tenga establecida, en sus leyes irracionales, “la pena de muerte”. Por desgracia, aún hay demasiados países en el mundo que no la tienen abolida. Pero, afortunadamente, cada vez son menos. |
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