EL OLIVO, HIJO PREDILECTO DE LA NATURALEZA

 


Sobre una tierra sabia, ciertamente invencible,
sobre una tierra, olimpo de los dioses
de generosidad conmovedora,
se eleva, como esfinge de la vida,
el olivo. Visible
e inmóvil, como el mar de la pobreza,
respira resonancias de emociones
rodeado de hermanos, de silencio que fluye
y se expande por campos con latidos de versos.
Todo su patrimonio
de siglos perpetúa
la gloria de su esencia para los corazones
que dan frutos de puertas siempre abiertas,
auroras enredadas en sonrisas,
cosechas de ventura
soleada, nupcial...
El olivo… con traje de misterios
sobre su viejo cuerpo
retorcido. El olivo..., granero de esperanza,
prodigio rebosante de sueños y razones
con fragancias de risas sin herrumbres
y de ilusiones que derraman luces
de paraísos ebrios de aureolas de soles.
¡Oh lealtad de fuentes victoriosas!
¡Oh canto revelado a un mundo de renuevos
empapados de luz hasta la médula!
El olivo…, tesoro para el hombre
que penetra con fe en sus laberintos
feraces para amarlos, cuidarlos y ampararlos.

(Del libro inédito RÍO DE CLARIDADES)

 

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