SANGRE SIN METÁFORAS
Se detuvo la noche en medio de las calles
sin sonrisas. Un hombre
aparcó su automóvil
y solo se encaminó, entre toses y cábalas
gratuitas hacia el cuerpo inmóvil de lo oscuro.
Ni un resplandor de luz, ni un sueño abiertamente
obsceno, ni siquiera un jirón de amuleto
dejaron ver su rostro tras los vidrios opacos
de un sinfín de ventanas llenas de cicatrices.
El hombre reconoce en la noche su sombra.
Ambos saben que pronto morirán abrazados
ante los ojos tristes de un tiempo sin después,
de un tiempo machacado y condenado a muerte
por el poder barroco, surgido de apetitos
salvajes e impregnados de sangre sin metáforas.
El hombre mira al cielo,
y, sobre un suelo anónimo,
acribillado cae. Nadie acude en su ayuda.
Sólo la noche amiga con ternura lo abraza
y llora en soledad. Un llanto sin consuelo
bajo un cielo aterrado que grita y grita al mundo,
pero éste continúa su andadura
arrastrando calvarios y decretos.
(Del libro inédito LOS PUENTES DEBILITADOS) |