BRINDIS
Gozo porque sé que existes
y amas, desde el camino por ti creado,
que no es el mío, poblado de guitarras
mágicas, competentes, rebeldes...,
a las rosas y a las estrellas
que nos transfieren su luz,
como yo las amo.
Sé que estás ahí, caminando, y aquí
en los abismos y campiñas
de mi corazón fraternalmente entrelazado al silencio
siempre al galope por los laberintos de los siete
espíritus de la audacia que nadie conoce.
Mañana, cuando yo ya haya desaparecido,
tú seguirás hollando la senda
que nunca compartimos, y tu alma
volará, quizá sin tú saberlo, por los aires
de estos versos que hoy escribo
con la experiencia de los dramas y triunfos propios.
En esos días, alza tu copa dulcemente
venturosa en una noche de plenilunio
y brinda, ante la sonoridad del mar,
con la luna, diana y refugio de mis sentimientos.
Yo tendré también alzada, más allá de los capítulos
del tiempo, mi copa toda repleta de tinieblas
y olvido para ese brindis de oro
en las entrañas de un instante
que sólo tú y yo paladearemos.
(Del libro EL JARDÍN HABITADO. Editorial “Corona del
Sur”. Málaga, 2002) |