LAS HORAS VIVAS

 

 


Me detuve, mujer, ante las puertas blancas
de tu risa serena y de tu corazón,
y al contemplar tu rostro
de cielo en armonía, sin fisuras,
sentí cómo vibraron, cómo se estremecieron
hasta los claroscuros de la vida.
Desde aquel día hondo deseé
desalojar por siempre de mi esencia
aquellos frutos necios que tú ya repudiaste
cuando aún eran umbrosas semillas desahuciadas.
En los instantes vivos de aquel día,
bajo una lluvia a ráfagas,
nuestros pasos veloces,
en alianza leal,
se nutrieron del gozo que contienen
las olas complacidas, infinitas,
de los bravos amantes.
Al fin, por la fusión de nuestros cuerpos
nos embriagamos de placer y albas
en la paz de un paisaje de belleza fluyente,
pura. De aquella música dulcísima
nació una eterna aurora que renovó con ímpetu
nuestra sangre rebelde
y su ansia de volar por los aires, sin pozas
ni servilismos ácidos,
de nuevas horas vivas.

(Del libro “Amantes”. Editorial Emboscall. Barcelona 2005)

 

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