NO TE LO DIJE
 

 


No te lo dije, pero detesto los jardines
dorados al sol con cadencias de museo grecolatino.
Aborrezco las flores de corolas
abiertas que nos ofrecen su hambre de siempre,
mientras expanden por la mirada
azul de nuestra sangre,
como espinosa seducción de lo caduco,
un tropel de fragancias neoclásicas
que nutre, desde el firmamento de sus inviernos
desiertos, el esplendor de su propia
savia tan falsamente opulenta.
Execro las brillantes palabras
gestadas en las concavidades anochecidas
del alma entre un enjambre
de silencios apergaminados y sin filiar,
que va y viene, como olas
de un mar innoble, destruyendo las sendas
por donde ha de dirigir sus rumbos
una muchedumbre de barcas a la deriva.
Y hasta saltan los cielos sin brillo
ante la astucia recubierta de música
fatua, como un día hecho todo de madrugadas.
Los sueños y la hierba han sido acribillados
sobre el lecho, donde, cansados de ver
tanta envidia, tanta maldad deforme
yacían desnudos.
Junto a ellos, el deseo fue cortado de raíz
en pleno proceso de crecimiento.
Pero el fuego sigue latiendo en los detalles,
y cada vibración deja
impreso, sobre el lienzo de la alborada no nacida,
la naturaleza que ha sido vedada
a la nobleza humana. No te lo dije,
pero otros jardines, otras flores
nos abrirán sus puertas de par en par
sin cenizas en las manos
ni espadas en las palabras.

 

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