AL CALOR DE TU DESNUDEZ


 


Al rito ambivalente
de los espejos que jamás copulan,
voló por los abismos de mi alma,
como espejismo errante,
el silencio sin sangre de lo amorfo.
Recogí las palabras en el nido
de la mar, donde arden los falos conjurados
y los deseos de las albas muertas.
Encadenado al agua que no corre,
me olvidé del amor y del lenguaje ardiente
de los cuerpos que viven, en su entrega
mutua y apasionada,
los placeres del sexo.
Al cadalso de ortigas radioactivas,
epílogo de instantes sin pulso ni memoria,
arribó tu mirada, liberando
mi corazón de hombre,
y abriéndole camino a mis sentidos.
En ti, mujer, me hallé al calor de tus besos
y de la desnudez de tu cuerpo con hambre
de mi lasciva savia varonil.

 

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