A LA POETA SERAFINA NÚÑEZ, EMPERADORA CUBANA,* (1913-2006). IN MEMORIAM

 

1

Como rayo que calcina
hasta el negror de una cueva
llegome la mala nueva
del vuelo de Serafina.
Desde ese instante mi encina,
toda dolor y amargura,
sangra por su desventura
estrellas de sentimientos
que expanden los pensamientos
de esta poeta de altura.

2

Siento en mi alma el oleaje,
“emperadora cubana”,
que lleva para el mañana
la gloria de tu bagaje.
Son los dones de tu viaje
por este mundo que vaga
entre el jazmín y la daga
al encuentro de esa euforia
donde habita la victoria
y la luz que no naufraga.

3

Con su adiós definitivo
Serafina se acrecienta
ante el amor que alimenta
a todo lo que percibo.
Por eso ni aquel olivo,
creado por un poeta,
a su corazón inquieta,
ni de él fluye angustia alguna…,
sólo en sus frutos aúna
las bellezas del planeta.

4

Desde Cuba a todo el mundo
diste tu sabiduría
sin conocer la porfía
ni el delirio de lo inmundo.
Por siempre tu amor fecundo
será para mi navío
el faro y el poderío
en su rumbo hacia lo eterno,
donde no existe el invierno
que cultiva el desafío.

5

De mis pasos y deseos,
unidos como en familia,
serás el sol que concilia
sus distintos laboreos.
Lejos de los coliseos
y de tantas falsedades
se alzarán tus claridades
sobre retos en penuria
que pretenden con su furia
aniquilar las bondades.

6

Sin rituales ni elocuencias,
que se olvidan en seguida,
La Habana te dio su vida
en sus más puras esencias.
De ella manan tus vivencias,
riquezas universales,
frutecidas de ideales
y de luz del pensamiento
para el caminante hambriento
de bellezas virginales.

(*) Así la llamó Juan Ramón Jiménez.

 

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