A LAURA PUCHE RODRÍGUEZ

 

 


Hasta tu sombra engendra el movimiento
de la vida que ama la belleza
célica, liberada en su grandeza
por la esencia vital de tu portento.

Es tu ofrenda perenne fundamento
de ese fruto maduro y sin pereza
que atrae, con su magia, a la proeza
de fermentar el pan del pensamiento.

Estás, Laura, en el prístino engranaje
del beso que comanda el oleaje
alegre del presente berchulero.

En mi sangre, mujer de claridades,
musa de mis fructuosas facultades,
sembraste lo mejor de tu vivero.

 

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