FURIOSOS RAYOS DESCUELGAN...

 

 

Furiosos rayos descuelgan
sus cuerpos sobre las olas,
llevando en ellos la muerte
a quien surca el mar a solas.
Solitarios navegantes,
hermanados por las sombras,
van salpicando la mar
de lágrimas silenciosas.
Muchos mueren consumidos
sobre las olas furiosas
sin una cálida mano
que a sus pesares acoja.
Otros perecen hastiados
de golpear tanta roca
con el corazón sangrando
y el alma apagada y rota.
Rugen airadas tormentas
en un cielo que se ahoga,
donde ni un solo lucero
su rostro alunado asoma.
Aquí no cantan campanas,
ni hay relucientes victorias…,
sólo pululan silencios
y áridos vientos de estopa.
¡Qué tristeza más inmensa
vivir sólo con su sombra,
sin primaveras de amor,
sin una fuente cantora!
¡Cuánto pesar en las almas!
¡Cuánto amargor en las bocas!
¡Y en los ojos cuánta lágrima
como ajadas amapolas!
La soledad, cuando ataca
con sus garras venenosas,
a las alboradas tala
y a los cielos desmorona.
Ella es la mejor aliada
de las vidas en zozobra,
de las vidas que navegan
por rutas llenas de escoria.
Son vidas que necesitan
la fragancia de una rosa,
un sol en su cielo triste…,
la mocedad de unas hojas.
Mas sucumben en las fauces
de cavernas tenebrosas
porque en su vagar no hallaron
la luz radiante de otra.

 

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