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ANDALUCÍA CANTA
Pueblo que
arde y se resume
- hombre y coro - en cante jondo.
Hondo, y es el que más sube.
MANUEL MANTERO
Entre palmas sordas, taconeos de primaveras
y sones mágicos de guitarras,
un rayo de terciopelo deslumbrante y de truenos
indomables brota del corazón del espíritu
para ascender de la tierra
a los cielos del pueblo
alegre y siempre en camino.
Es un himno de vida.
Es un canto de luz y esperanza.
Es un mensaje de amor glorioso
o un lamento de noche tenebrosa.
Es un suspirar continuo de olas y olivares
que se adentra por las sendas
sonoras y cálidas de la sangre hasta llegar
a inflamar de gozo y pasión, con su bagaje
de voces inmortales,
cada pétalo de sol,
cada silencio y tristeza de cruz,
que habitan en ella,
desde el principio de la mirada,
en un mismo latido compartido.
Andalucía se desnuda y, fiel a su nobleza de siglos,
se entrega, con vehemencia, en su cante
a sus lirios y azucenas,
como una doncella de verde abril
que pasea su ojos de mar, incendiados
de amor, de cielo a cielo,
de orilla a orilla,
para hacernos sentir en las llanuras
fértiles, en las simas,
en las cumbres sombrías, inhóspitas,
del alma la fragancia
estelar de su pureza,
tan codiciada como envolvente.
Andalucía canta.
Andalucía llora.
Andalucía vive, como un sol
siempre presente, siempre generoso,
iluminando con la transparencia de su cante
jondo las rosas y los espinos que en íntima
unión se esparcen por los campos
sembrados de sueños y anhelos
- con vocación de ternura -
de un pueblo que cree en las semillas y en los frutos,
en la tierra y en el cielo,
y que crece embriagado de ruiseñores,
de amaneceres y ocasos,
de luces y sombras añejas,
de trigales aún por granar…
Andalucía canta y arde
de ola a ola,
de olivares a viñedos,
de corazón a corazón…,
y en su cante y en su fuego
le habla de concordia, de amor, de hermandad…,
de hojas secas, de inviernos extremadamente fríos,
helados…, al mundo y a las estrellas.
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