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ES LA HORA
Pasan los hombres por el alba
con hambre de luz y desencantados,
desplegando, bajo un cielo denso
en lágrimas, sus sueños aún goteantes de sombras.
Un silencio sin expresión, profundo,
formado allá donde la paciencia interroga a los cielos,
deambula insatisfecho por el seno de los laberintos
sin materia que flotan a la deriva
sobre las aguas misteriosas del pensamiento.
Antes que la oscuridad se rompa del todo
y las flores refuljan en su hermosa desnudez,
la inquietud crece deprisa con sus brazos
tendidos hacia el horizonte
sin máscara. Pero los hombres que junto a mí pasan,
lejos de los dioses con sangre y sonrisa de cemento,
llevan en la mirada la calma de un mar único,
de un mar que nunca se prostituye,
ni pierde el compás,
ni se hunde en los abismos de sus secretos.
Y…, como en mí, los signos excitantes, en inquebrantable
alianza, laten sin perder poderío y ritmo bajo la bóveda
esplendente de esta aurora que nace para proclamar,
ante al alma desgarrada del mundo,
la esencia del hombre y del gozo en el vivir. Es la hora
de liberar la sangre, la voz y el paso
para precipitar en la nada
a los vientos que sin piedad nos azotan,
a las espadas invisibles que nos atraviesan,
a los ojos sin vida que nos maniatan,
a los besos que nos crucifican…
Es la hora.
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