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A TI VINE, ANDALUCÍA
A ti vine
con mis fuentes cantarinas
y mi sol de hueso y plata.
A ti vine
un día de brisas dormidas,
un día de fuego y calma,
un día de recuerdos heridos,
un día desarmado,
pero… pleno de esperanzas.
A ti vine
montado en el viento,
como una lluvia que trae racimos
de primaveras para la tierra sedienta,
como una sangre que vivifica
semillas de alboradas,
raíces de vida, en unos campos
quemados y socavados por el oleaje
de aquel mar trágico y sangriento
que sacudió con furia tus entrañas.
A ti vine
desde las simas del silencio,
donde no hay palabras ni labios,
donde las sombras se besan
en secreto, aguardando la luz
para salir a los caminos del tiempo.
A ti vine…
Soñaba con campos de trigo,
con almendros floreados de nácar y de vida,
con un cielo nuevo y tan sereno
como tu rostro.
Soñaba con bellas mariposas,
con ojos de risa ancha
hechos de luces y liras,
de jazmines,
de pasos leves,
de nubes de seda,
de auroras serranas.
A ti vine, Andalucía.
A ti vine y en tu granero anidé y tus flores
bellas y generosas me amamantaron,
cuando aún estaban cubiertas
por el rocío de un cielo de madrugada,
un cielo sin estrellas ni luna.
Paso a paso,
día a día,
y con el corazón
destilando ríos de campiñas alegres,
recorrí tu cuerpo llameante.
¡Tu cuerpo!, semillero de esperanzas,
murmullo de voces calientes,
de huracanes,
de brisas,
de constelaciones de nieves y de soles,
que desde levante a poniente
se extiende entre olas y olivos.
¡Tu cuerpo! ¡Andalucía…,
santuario de luceros rebeldes,
de aves silenciosas,
de claridades inmaculadas…!
¡Cuánto reluce tu hermosura
impregnada de rosas y azahares,
de cánticos de ruiseñores,
de arados cansinos,
de amapolas sudorosas y de mieses!
Llevaba en la sangre un mar
y en la mirada, un cielo,
desbordantes y enlazados fielmente.
como dos bocas,
como dos manos,
como dos corazones
amantes que engendrando amor
abren surcos hasta en el viento.
Desde tus cabellos a tus plantas…,
desde tu piel a tus entrañas siempre encontré
el clamor de un pueblo
que, desde el amor, sabe sembrar, con su donaire,
con sus frutos,
con su aliento…
entusiastas e invencibles,
las semillas de la paz
y de la libertad fecundas y gloriosas.
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