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1
LUZ DE VIDA, VIDA DE LUZ
“En esta noche tan singular como esplendente -Nochebuena -
siempre fulgura en el cielo de cualquier corazón al menos una
estrella de lágrimas”.
CARLOS BENÍTEZ VILLODRES
Tiempo de paz. Aurora que rebosa
amor para enlazar mano con mano.
Besos, luz para el mundo soberano
que crea sendas de bondad gloriosa.
Desde los campos yermos o dichosa-
mente floridos del caudal humano,
el caminante acude como hermano
de Cristo con su más fragante rosa.
Afloran los recuerdos. Alegría
y lágrimas se abrazan en silencio
ante la faz del Niño Dios nacido.
Pero sigue cantando cada día.
Sigue y propaga lo que yo sentencio:
“Amar es compartir alas y nido.”
2
UN DON DE REBELDÍA
Sobre este mundo, y lejos de la umbría
del fiero prepotente que asesina,
alzas tu cáliz santo, luz divina,
como sol que nos da vida y nos guía.
Tu llegada es un don de rebeldía
que Dios regala al hombre que no espina:
alma que con amor y fe camina
para implantar la paz y su alegría.
¡Oh Cristo!, manantial de amor eterno.
Transforma en un edén este desierto
para que el hombre al hombre no destruya.
Y haz que desaparezca ya este invierno
cruel que me tiene preso y casi muerto
por no fundir mi vida con la tuya.
3
TODOS A BELÉN
A Belén, con mis dudas, peregrino
por campos de lamentos sobrehumanos.
Huelo a llanto de niños y de ancianos
y de almas que olvidaron su destino.
Hasta en mi sangre ruge el desatino
que bajo el cielo crece. ¿Quién, hermanos,
osó cambiar mi paz por vientos vanos?
¿Quién me alejó del corazón divino?
Unamos nuestras voces indomables
y hundamos las pistolas y los sables
en los abismos negros de los mares.
Y todos a Belén, sin desaliento,
vayamos entre vivas y cantares
para adorar a Cristo en su aposento.
4
AL SON DE LA ESPERANZA
Como río que corre con vehemencia
por los valles del tiempo, es el diamante
del espíritu todo amor constante,
enraizado en la misma Providencia.
Y en el puro caudal de mi conciencia
transporto el trigo nuevo y fecundante.
Es mi fe, luz que alumbra al caminante
turbado de observar tanta violencia.
Ya es noche. Noche de ventura plena.
Noche que da calor y abrigo a Cristo
recién nacido ¡Miro cómo avanza
el mundo en fiesta por la Nochebuena!
¡Miro y beso al bebé! Por él yo existo.
¡Adorémosle al son de la esperanza!
5
CONSTANTEMENTE NACE JESÚS
Si el Niño Dios volviera generosa-
mente a nacer, ¡oh luz de la alegría!,
¡caudal de vida!, ¡amor que no reposa!,
¿qué poblado su Padre elegiría?
¿Pariría su Madre, oh bella rosa
inmaculada, en una cueva fría,
en un palacio o templo, en la grandiosa
alhaja vaticana...? ¿Nacería
en los brazos sangrantes de una guerra,
o en el hogar que sólo oro acumula,
o en un rincón de una patera ajada?
Oigo la voz del cielo que no yerra,
y mi ser ante ella se atribula
en medio de su oscura madrugada:
“Existe una alborada
que muy cerca de ti está padeciendo.
¿No sientes su silencio tan horrendo?”.
6
EL SENTIDO DE LA NOCHEBUENA
En medio de victorias y derrotas
al mundo viene Cristo, afortunada-
mente, para sacar de la hondonada
a quien vive en continuas bancarrotas
Amor, que de su luz eterna brotas,
fuente de vida, pasos y calzada,
esencia de armonía soleada,
para los hombres que, aun en bajas cotas,
adoran al bebé recién nacido,
aferrándose a Él con la alegría
que vida da a la fe y a la esperanza.
En cualquier Nochebuena, su sentido
tala de nuestra vida toda umbría
y la conforta siempre con pujanza.
7
EN LA LUZ ESTÁ EL AMOR Y LA PAZ
Ved el fulgor que irradia la sonrisa
célica de Jesús recién nacido.
Con ella el hombre olvidará aquel nido
de males donde muere hasta la brisa.
La Luz no nace para ser sumisa
al poder o al terror de lo torcido,
sino para alumbrar con su latido
a la mirada trágica, indecisa.
Así por siempre brillará la vida
de los soles fecundos a su gloria,
caudal inagotable de alegría.
Sintamos todos cómo su venida
dirige ciertamente a la victoria
de la paz al viajero que la ansía.
8
CIELO DE AMOR
Dejad
que viva el hombre su presente.
Observad cómo huye su alma oscura,
arrastrando miserias y locura
que nacen al helor de lo que siente.
Su sentido es un lóbrego accidente.
Sin embargo, camina con premura
para hallar esa fuente de ternura
entre los brazos del amor sonriente.
Sus cálices, ansiosos de alboradas
alegres, sólo lágrimas cansadas
contienen. Son tormentos sin consuelo.
Pero al fin, no será una piedra herida
sobre cualquier vereda de la vida,
sino aquel hombre que anheló ser cielo.
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