SIEMPRE VOY RÁPIDO


 


Siempre voy rápido
y con el corazón empapado de sol
sobre este mar de ojos desbordantes
de naufragios, sobre este mar de olas
primorosamente concebidas,
a las que siempre hay alguien
que anhela ponerles etiqueta y ritmo.
Y siempre a mi paso salen voces
negras, intentando tapiar con sus garras,
erizadas de aluviones homicidas,
el oleaje sin descanso que desliza su cuerpo,
tallado de despertares esperanzados,
por el credo de un pueblo que bien
sabe a donde camina. Cantos exuberantes,
sin cortinajes al horizonte,
sazonan con sus fragancias sonoras
las estancias blancas
de las brisas y huracanes que acercan sus labios
expectantes para libar el néctar que anida
en las profundidades de mis sueños.
Siempre voy rápido
y con la avidez de quien aguarda
un amanecer que ilumine, sin rayos solemnes,
sus campos castigados,
lejos, muy lejos de las tertulias
de otoños sin memoria y de primaveras
inútiles, ajadas,
sembradoras de falsas espumas
en la cresta de aquellas olas
que viven como las piedras del camino.
Siempre voy rápido,
fundido en la sangre de oro de este mar
capaz de hacer de la noche
oscura un imperio de luz y júbilo,
y, de la luna…, un beso de amor.

 

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