MI BICICLETA

 


Tienes el corazón en los pedales
con un hondo latir que me acompaña,
como el aliento de cualquier hazaña,
por asfaltos, veredas y arenales.

Son tus músculos rayos de chacales
fieros, hervor que a la pasión ataña,
nudos vivos de indómita montaña
con pulpa de pensiles celestiales.

En tu sangre quedaron dulcemente
las huellas indelebles de mi infancia
y de una juventud, fruta madura,

que pasó demasiado diligente.
Mas, aunque se esfumó aquella abundancia,
nuestra vieja amistad es hoy más pura.

 

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