VIVE SOLO. CAMINA SOLO

 


Vive solo. Camina solo.
Ni siquiera sueña. Ni siquiera aguarda
el milagro de una nueva primavera.
El mundo se le fue para siempre.
Sus días son un pozo
negro y sin fondo, por donde se alejan
cada vez más las cenizas,
saturadas de cruces,
de un pasado de piedra destrozada.
Un pozo donde caen las horas
mustias, sin frutos;
la indiferencia de las rosas marchitables;
el desdén constelado de espinos
de quienes se afanan en levantar
altos muros en medio de la sangre y la palabra;
la insolidaridad de los corazones helados…
Y la noche le abrió sus puertas.
Y la noche lo arropó con sus latidos de hielo.
Todo en él es tinieblas y abismo…,
soledad violenta,
amargura de tenaces raíces…,
pero en su mirada se vislumbra
una luz armoniosa,
un cielo pleno de misterios,
una mar serena jamás contemplada
que inunda de ternura,
como cántico celeste de niño,
las almas y las horas
de los que aún sueñan, viven y caminan
por la savia fecunda del verso.

 

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