DEL AMOR ADENTRO

 


Somos la sinfonía que enriquece la vida
con sus sones de oro, sorprendentes.
Es música que fluye del amor
adentro, de ese amor de exquisita fragancia
que se nutre de besos y risas de jazmines
y de la juventud
valiente de lo eterno.
Relucientes repiques de campanas sin amos
que recogen las manos de las siete alboradas
entre los cantos claramente airosos
de las aguas que corren
y brincan y nos hablan. En su fiel ascensión
por los aires que viven sobre sus dones pródigos,
aires de primaveras
y de versos que nunca se arrodillan,
ni ruegan, ni se ausentan de las calles
de este mundo angustiado,
ni del acero y miel de su memoria,
nuestros cuerpos desnudos se funden en la cresta
de la luz armoniosa, luz que todo lo puede.
Dos cuerpos, dos jardines de albas y de pasión
que en los brazos del sol se saborean,
se transforman, se sueñan..., hambrientos de esos puros
placeres de los sexos en el cenit redondo
del cielo que se excita
ante los verdeantes abrazos de los frutos.

 

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