CLARIDADES

 


Desde los pliegues de la mar mi sangre
a tu mundo le pide, con fruición,
que perdone a su esencia retenida
en el sombrío eco de una historia.
Perdí el verdor del bosque, monumento
vivo, antes que tu aurora penetrase
en mi conciencia ansiosa de esa dicha
creada por tus sones juveniles.

Lodo que te mancilla es mi palabra,
pero no el sentimiento que cultivo
para alejar de mí esta injusta pena
que turba mi sosiego, mis vendimias.

El viento, que me engaña, con su aroma
de rosas fantasmales se desvive
para desvanecer hasta la huella
de tu belleza en mi dolor profundo.
Ante ti sólo soy un caminante
llagado por su propia insuficiencia,
un hombre poseído por negruras
de cuervos espectrales, sin piedad,
que me imponen sus leyes con desprecio.

Reflexiono en un mundo sin sorpresas,
suspendido de tópicas miradas
y de instantes estériles, cerrado
a los pasos que sienten en su pecho
el susurro del alma emocionada.

Las sombras hacinadas de mi noche,
que paralizan ríos y deseos,
combaten, alentadas por cenizas,
contra el nidal de islas misteriosas.

Siembra en tantos recuerdos que me hieren
la cálida sonrisa de tu vida.
En ella encontraré las claridades
de los signos que nutren tu existencia.

 

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