LA REVOLUCIÓN QUE TANTO NECESITAMOS

 

De repente surgirá una blancura
memorable, una rosa pura y sin mediocridades
en los campos empapados de savia invencible,
de savia completamente establecida
allá en la esencia de los signos del fruto total,
donde los pasos y los deseos se alimentan
de cielos bien cimentados,
de cantos con los ojos llenos de sueños
al aire libre y de estímulos
engendrados por el lenguaje del mediodía.

Cuando la respiración de la sangre del verso
navegante ponga en movimiento los corazones,
sin muros ni distancias, de los siete ángeles,
y haga desaparecer, con el ocaso de las agujas,
las sombras y los ecos sin reposo de los náufragos
que golpean tercamente las enrolladas
aguas de lo perecedero, abrirá su corola de luz,
en medio de los espacios de la patria de todos,
abrazada a la palabra venturosa del beso
intacto desde su origen,
como un latido todo energía,
un latido cálidamente asociado
al pulso de esa música suprema que potencia,
con su fuerza creadora, el vuelo
sin fronteras y sin dominadores de la voz
inmortal. La misma que crea rutas
vírgenes para las navegaciones
del hombre que nunca se asienta en la tibieza.

Esa blancura llena de vida se aposentará
y crecerá en mi corazón y en el tuyo.
Crecerá vestida de sonrisas y de luces que lloran.
Crecerá abriendo puertas
y levantando jardines de primaveras en el tiempo.
Crecerá y crecerá entre miradas
que nunca ocultan su encanto
a la mujer y al hombre de sólida transparencia.
Su fragancia, su luz, aunque sus campanas
dejen algún día de repicar, serán
para nuestras almas la revolución sin maquillaje,
sin patrones manipulados, que tanto necesitan.

 

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