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COLOMBIA, ABUNDANCIA DE VIDA DESEADA
De mi cielo descienden
señales decisivas que alimento
con pulpas de mi vida.
Son luceros que vienen del horno de los siglos
para apagar el fuego criminoso
de los siete huracanes que a traición asesinan
a los pueblos que sólo
tuvieron en sus manos y en su sangre
la voz de la pobreza, la voz más atacada
por la maldad diabólica
del siempre detestable terrorismo.
El hambre y la miseria, la avaricia y las balas,
devoran con fruición
al leal campesino colombiano.
¿Qué hacen los regidores de Colombia
ante tanta inocencia desangrada?
¿Por qué nunca se quitan las caretas
ante el pueblo explotado, escarnecido?
Desde mis valles prósperos,
con mi palabra execro y despedazo
las consignas opacas
de tantos pistoleros
que ingieren, fríamente, ideas terroristas,
y las de los gobiernos democráticos
disfrazados de cumbres y alboradas.
A sus hijos y al mundo, amantes de la luz,
Colombia les requiere la suficiente ayuda
para que viva el pueblo colombiano
en paz y en armonía.
Ya despliega el amor fraterno sus riquezas
en medio de canciones populares,
mientras desaparece decidida-
mente la cobardía y los eclipses
de unos hombres nacidos de la madre codicia.
Combatiré, con ímpetu de bravos oleajes,
contra las alimañas
que torturan y malhieren su cuerpo
y matan a sus hijos, sedientos de justicia
y de voces que alumbren el paisaje
yermo, donde la savia nueva está en condiciones
para darle a Colombia los frutos más perfectos
y la prosperidad más entrañable.
Colombia es abundancia de vida deseada. |