Demasiados ruidos

 



Demasiados ruidos extraños hay en el alma
de este tiempo que corre y que se fatiga
agobiado por tantos retos de lanzas sin descanso.

En la altura, en medio del silencio las estrellas,
como rosas de imperiales perlas deseadas,
miran a los invitados del movimiento,
acechándose unos a otros, mientras sueñan
con cantos de piedra y mares repletos de burdeles.
Hombres y mujeres que buscan por las horas
monedas que den brillo a sus pasos y a sus latidos.

Nunca hubo unidad para estos ríos en construcción
que cruzan del misterio al misterio,
como flechas en vuelo de muerte, con las aguas
sembradas de desdichas y de ruiseñores
que apenas ven la luz primera..., mueren.

Demasiados ruidos extraños,
demasiada oscuridad sin fondo,
demasiadas bocas y puertas cerradas
intentan carcomer la savia que fue gestada para endulzar
las amargas circunstancias y ahogar los gritos de envidia
y las mascaradas en actitudes de desprecio que sufren
siempre los indefensos, mientras busca un beso
puro en la selva, donde la belleza aún palpita
en las profundidades del corazón combatiente,
del corazón por el gran vencedor elegido
para condenar, con ramos de versos jamás encadenados
a los poderes del trigo o a los de las bestias,
los aullidos destructores de los chacales.

 

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