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ALCAZABA DE GRANADA O FORTALEZA
Sin hablar, sin moverte,
anclada en las entrañas de los tiempos,
tu belleza se embosca
en mi palabra voladora, libre,
en mi camino herido sin motivos.
¿Qué fuerza primigenia alimenta tus músculos
de piedra con carácter? Tu cuerpo dulcifica,
bajo el ardiente sol,
mis ideas de frutos nunca hostiles
a mármoles y a hielos.
Un perfume divino,
en tu sangre de sombras y crisoles
árabes, se fecunda,
se reproduce, trepa
hacia el amanecer de la mirada
que canta pensamientos transparentes.
Los niños te saturan de sorpresas
y risas con sus juegos sin umbrías,
y el asombro inocente
de sus júbilos nunca jamás huérfanos
ilumina tu piel y hasta tus huesos.
Frente a tu torre de la Vela, el sol
de la Sierra acaricia tus murallas
y sus recuerdos ricos
en sueños y vivencias con jugos de portones
abiertos al viajero
que no escuchó la voz de la tibieza.
Oh Alcazaba, mansión
de fantasmas y ecos y suspiros,
donde aves y guitarras
seducen, mientras lloran,
a los hijos de bellas azucenas
pobladas por los triunfos de lo trascendental.
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